"The North-Americans of yesterday : a comparative study of North-American…." de Frederick S. Dellenbaugh es un estudio etnológico comparativo escrito a finales del siglo XIX. Examina los modos de vida, las artes, las lenguas, los gobiernos, los mitos y la cultura material de los pueblos indígenas de toda América del Norte, sosteniendo su unidad étnica al tiempo que corrige el romanticismo y las toscas escalas temporales de la «edad de piedra». Basándose en el trabajo de campo, las colecciones museísticas y el Bureau of American Ethnology, ofrece una amplia síntesis ilustrada para el lector general y para los estudiantes de arqueología y etnología americanas. La apertura de este estudio explica su origen en conferencias públicas, reconoce las principales fuentes eruditas y establece el propósito del autor: presentar a los indígenas norteamericanos como una raza mundial coherente, antaño vigorosa, cuyas culturas variaban según el entorno y la historia más que según su índole. Dellenbaugh critica los rígidos esquemas globales «Paleolítico/Neolítico», propone que las conexiones terrestres preglaciares o de inicios de la glaciación y los cambios climáticos impulsaron migraciones latitudinales, y esboza un gradiente cultural desde centros meridionales (p. ej., yucateco) a través de lo yutoazteca, siux, algonquino y atapascan, hasta el esquimal distinto. Contrasta el declive de las tierras bajas con el florecimiento de las tierras altas (p. ej., náhuatl), señala las barreras montañosas que configuran las diferencias este–oeste, y sostiene que los efectos de la era glacial persistieron hasta tiempos recientes. El capítulo introductorio también repudia el nombre inapropiado de «indio», adopta «Amerind» y relata con franqueza la brutalidad europea, al tiempo que insta a un estudio objetivo más allá del estereotipo. El capítulo siguiente inicia un panorama lingüístico: numerosas familias tronco y dialectos, la persistencia de las lenguas (p. ej., el tewa en Hano), la lengua de señas y las jergas comerciales como el chinook, la estructura polisintética (con una analogía vasca), las peculiaridades fonéticas, los esfuerzos por estandarizar la transcripción y la notable homogeneidad del habla esquimal.