*Cartas de un muerto viviente*, de David Patterson Hatch, es una obra epistolar de carácter espiritualista escrita a principios del siglo XX. Presenta supuestos mensajes de un pensador recientemente fallecido, denominado “X”, transmitidos a través de un médium, y describe las condiciones, leyes y experiencias de la conciencia después de la muerte. En ella se encuentran relatos vívidos sobre viajes astrales, maestros y ayudantes, reencarnación, cielos e infiernos, así como los mecanismos de comunicación entre mundos distintos; además, aparecen figuras recurrentes como un guía espiritual y un niño llamado Lionel. La obra comienza con una introducción de la persona que registró los mensajes, en la que explica cómo todo comenzó a través de escritura automática en París, las noticias sorprendentes sobre la muerte de “X”, su reticencia inicial y posterior decisión de publicarlos, así como su insistencia en que estas comunicaciones se juzguen por su contenido real. En los primeros mensajes, “X” afirma su presencia, explica la facilidad y claridad del proceso de transición después de la muerte, pide discreción y ofrece consejos para protegerse de influencias astrales invasivas, así como sobre la serenidad mental necesaria para escribir. Describe además el movimiento y la percepción en el mundo sutil, el papel de la voluntad, el “mundo de prototipos” y una organización que ayuda a los recién fallecidos; también relata encuentros con almas, incluido Lionel, e incluso ofrece vislumbres de un “reino celestial” y una visión de Cristo. También menciona haber visitado archivos, haber creado prendas con el pensamiento y advierte a quienes acaban de fallecer que no regresen a sus cuerpos; además, cuenta una situación familiar complicada entre un hombre y sus dos esposas, describe infiernos individuales y narra la reunión de una pareja devota en la casa que él mismo había construido para ella. La sección final incluye reflexiones sobre el encuentro con Dios, el ritmo del renacimiento y la eternidad, una defensa de esta forma controlada de comunicación espiritual (distinguuida de las formas indiscriminadas de mediumnidad) y una breve anécdota sobre asistir a un gran funeral imperial.