Solo siete fueron ahorcados”, de Stuart Martin, es una novela policíaca escrita a principios del siglo XX. Presentada como un acalorado debate sobre la pena capital, sigue los pasos de un juez de tribunal penal y un misterioso camarero en el exclusivo Clue Club, mientras intercambian relatos basados en casos reales para analizar si las condenas a muerte pueden alguna vez ser justas. Las historias se desarrollan como pruebas enfrentadas entre sí, fusionando la lógica judicial, la filosofía moral y narrativas criminales llenas de giros inesperados. La acción comienza en víspera de Navidad en el Clue Club: el presidente-juez preside la reunión mientras un camarero sustituto perturba discretamente el curso de los acontecimientos. Tras que el club manifiesta su apoyo a la pena capital, el camarero interrumpe la sesión, droga a los miembros hasta dejarlos inconscientes y desafía al juez: por cada caso que este considere merecedor de la muerte, uno de los miembros será revivido; por cada caso injusto, otro permanecerá muerto. El juez comienza citando el escalofriante asesinato cometido por Ammar Baddan, un tamil que admite tranquilamente haber matado al dueño de una posada; el camarero rebate esta versión con un móvil basado en el honor y la religión, presentando el acto desde otro punto de vista. Luego llega el turno del propio camarero: defiende a John Davis, ahorcado por ahogar a su excompañera Lorry Black, argumentando que fue incriminado falsamente; finalmente revela que él es en realidad Lorry Black, aún vivo y autor de su propia “muerte”. El juez, conmocionado pero resuelto, presenta un segundo ejemplo: el caso de Abe Lammie, un ladrón despiadado apodado “La Mole”. A medida que este duelo de historias se intensifica, también lo hacen las apuestas en juego.