Mimózák és krizántémok” de Ignácz Kúnos es también una colección de cuentos populares escrita a principios del siglo XX. Presenta cuentos y leyendas japonesas en versiones musicales y llenas de rimas, enmarcadas por un ensayo reflexivo sobre el espíritu japonés, el culto a la naturaleza y la perspectiva sinto-budista. Aldeanos humildes, deidades caprichosas y criaturas que hablan pasan por transformaciones y pruebas que siempre desembocan en moralejas suaves y memorables. El inicio de la colección combina una introducción cultural lírica con los primeros “cuentos mágicos”. El ensayo describe los paisajes y festivales japoneses, explica el respeto hacia los ancestros y la sensibilidad sintoísta, e ilustra el llamado “sonriso japonés” a través de una anécdota sobre un amigo narrador que enfrenta su dolor con serenidad; también celebra la afición del imaginario popular por los símbolos, las recompensas y castigos, así como por la ironía sutil. Los primeros cuentos se desarrollan con rapidez: una primavera devuelve la juventud a una pareja anciana, aunque el exceso convierte a la esposa en un bebé; un niño del tamaño de un pulgar sirve a un noble, derrota a un demonio y crece hasta convertirse en un hombre gracias a un látigo mágico; un pescador se casa con una visitante misteriosa que resulta ser una sirena y debe regresar al mar, pero esto le asegura una larga vida; una niña bondadosa recibe fresas de invierno de espíritus estacionales, mientras sus parientes crueles perecen en la nieve; la lluvia y las nubes de tormenta no impiden que se celebre el Festival de la Luna; la cadena de deseos de un cantero termina con su satisfacción por su propio oficio; y los ruiseñores aprenden a cantar durante el día, mientras las almas estelares mantienen la tranquilidad de la noche. En todo momento, el ritmo versátil, las estaciones personificadas y los seres celestiales, así como las moralejas claras, marcan el tono de estos cuentos populares.